La paz del Chaco
José Vargas Valenzuela
La historia nos recuerda que antes de la Guerra del Pacífico fueron rematados, por orden del Gobierno boliviano, el bergantín “María Luisa” y el Guardacostas “Gral. Sucre”. Igualmente, un mes antes de iniciarse la Guerra del Chaco, nuestro Gobierno, aduciendo que somos pacifistas y la crisis económica existente, dispuso el “licenciamiento general” del Ejército de Bolivia en mayo de 1932.
En estas difíciles circunstancias y como consecuencia del segundo ataque paraguayo a Laguna Chuquisaca (15 de julio de 1932), que ocupaba el My. Oscar Moscoso con pocos efectivos recién reclutados, comenzó oficialmente la Guerra del Chaco, con Decreto Supremo Reservado, el 19 de julio, declarando al Ejército Nacional en campaña, con la movilización parcial, requisiciones y otras disposiciones.
El presidente Daniel Salamanca hizo mensajes de ardoroso patriotismo y discursos de exquisita oratoria, pero el Ejército no tenía soldados ni armas (no conocíamos el mortero, de uso común en el Paraguay) ni transporte. Fue rechazado un pedido de 200 camiones porque poco antes se había comprado 50 carros para ir desde el interior del país a la zona de operaciones. Los regimientos recorrieron a pie cientos de kilómetros, de día y noche, con su equipaje al hombro, escasos de agua y comida, cansados, llegando muchas veces directamente al combate.
Contra el espíritu nacional se trajo desde Alemania al Gral. Hans Kundt, sin preparación estratégica, para que sea Comandante en Jefe del Ejército en campaña, habiendo manifestado que con 3.000 soldados pronto el Gobierno estaría firmando la Paz en Asunción. Y se recibió “fraternalmente” a oficiales jubilados del ejército chileno para que sean comandantes y asesores de nuestras unidades de combate. Incluso los países considerados nuestros amigos por tradición, resultaron apoyando al Paraguay.

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